noticias y comentarios de inmigración
foro de noticias y opinion acerca de la inmigración en la comarca gerudense y leridana de La Cerdaña.
se publicarán todas aquellas opiniones que estando o no de acuerdo con nuestra froma de pensar, sean estas de forma respetuosas y que sus contenidos aun teniendo o no alguna traza de racismo los mismos sean dirigidos de forma correcta.
Actualitzat: fa 17 hores 7 minuts
Las mujeres se "revientan a trabajar" en el servicio doméstico
Las mujeres inmigrantes en España se encuentran en situación vulnerable. Según la presidenta de la Asociación de Mujeres Empresarias de Sociedades Laborales (AMESAL), Julia García Vaso, muchas mujeres inmigrantes "se están reventando a trabajar horas y horas" sin apenas descanso semanal. Por este motivo pidió que se ejerza un "control sobre el sector del servicio doméstico".
Así lo manifestó García Vaso en su comparecencia en la Comisión de Inmigración y Cooperación celebrada esta mañana en la Asamblea de Madrid. "Muchas inmigrantes nos cuentan que llevan tantas casas, incluso los sábados, domingos y por las noches. Esto tenemos que controlarlo. No podemos, como personas, mirar para otro lado", señaló coincidiendo con la conmemoración del Día de la Mujer Trabajadora el pasado 8 de marzo.
La presidenta de AMESAL indicó que en la Comunidad de Madrid la inmigración registra una tasa de paro (22,43 por ciento) inferior que en otras regiones españolas, precisamente porque gran cantidad de extranjeros trabajan en el sector servicios (ayuda doméstica y hostelería, principalmente) frente a otras comunidades donde prima la agricultura, la industria o la construcción, sectores donde el desempleo ha afectado de forma más aguda.
García Vaso hizo un análisis de la situación del autoempleo de las mujeres inmigrantes asentadas en la región. Así, criticó que la tardanza y los problemas en las homologaciones de títulos universitarios, ya que muchas de las emprendedoras foráneas cuentan con formación académica elevada, y también mostró su disconformidad por el recorte en el Fondo de Acogida a Inmigrantes del Gobierno central.
Las condiciones laborales de este sector actualmente se rigen, según CCOO, por un real decreto del año 1985 que ha quedado muy desfasado. Para el sindicato mayoritario una jornada completa el sueldo debe ser de 14 pagas del salario mínimo, que asciende a 633,33 euros al mes, lo que corresponde a cinco euros por hora. Pero si la trabajadora ha de pagarse ella misma la cotización a la seguridad social, informó el diario El País, el salario mínimo debe ajustare para ser de entre 10 y 12 euros la hora.
Alternativas laborales
"Es imposible actualmente que las cajas de ahorros apoyen una idea empresarial liderada por inmigrantes. Es difícil para españoles también, pero más para los inmigrantes por la desconfianza que tiene por que retornen debido desempleo. Las cajas se han cerrado en banda y es prácticamente imposible conseguir financiación. Es la mayor dificultad que tienen las mujeres inmigrantes para emprender", agregó García Vaso.
Tras la firma de convenios entre Administraciones y entidades para facilitar financiación, exigió la diriginte que se compruebe si verdaderamente lo cumplen, ya que "muchas se hacen la foto, salen en prensa y nada más". "Realmente están haciendo microcrédito tres o cuatro cajas de ahorro. Sólo habría que renovar esos convenios con las que funciona. A nosotras nos funciona bien La Caixa y en proyectos más ambiciosos BBVA y Barclays", apuntó.
Respecto a Avalmadrid, García Vaso manifestó que esta sociedad de garantía recíproca ha funcionado bien para las mujeres empresarias aunque solicitó que se abra a trabajar con otras entidades financieras, además de Cajamadrid, porque esta caja "es de las pocas que no tienen líneas de microcréditos. "En Castilla León y Galicia tienen convenios con otras entidades y bancos que financiación microcréditos. Esta idea al personal técnico de Avalmadrid lo consideran interesante pero luego cuando subes más arriba en el escalafón parece que no les interesa", indicó.
Una asociación para las mujeres
García Vaso explicó que la asociación que dirige ayuda a constituir pymes y sociedades laborales a mujeres inmigrantes y que consigan formación, asesoramiento e información sobre las ayudas, financiación y normativa. En este sentido, señaló que las mujeres extranjeras que llegan a España tienen "demostrado y reconocido" su espíritu emprendedor y la mayoría llegan con formación, pero les falta habilidades directivas y conocimiento de las normativas del país.
La líder de AMESAL destacó que en un principio estas mujeres constituían locutorios y pequeños comercios y pequeñas agencias de viajes. Sin embargo, ahora, ante los problemas de financiación, tienen más dificultades para mantener estos proyectos y están montando otros negocios como peluquerías, estética y empresas relacionadas con la tecnología de la información.
Por último, García Vaso resaltó que cada vez más mujeres que ya han montado su negocio requieren formación. Así, su contrato-programa (95,000 euros de subvención) aprobado por la Consejería de Empleo dará formación a un 60 por ciento de profesionales activas, mientras que el 40 por ciento de las que lo cursan están en paro. Además, la asociación mantiene relación con los Centros de Participación de Inmigrantes (Cepi) de la región y fomenta programas de cooperación internacional en Chile, Paraguay y Burkina.
Así lo manifestó García Vaso en su comparecencia en la Comisión de Inmigración y Cooperación celebrada esta mañana en la Asamblea de Madrid. "Muchas inmigrantes nos cuentan que llevan tantas casas, incluso los sábados, domingos y por las noches. Esto tenemos que controlarlo. No podemos, como personas, mirar para otro lado", señaló coincidiendo con la conmemoración del Día de la Mujer Trabajadora el pasado 8 de marzo.
La presidenta de AMESAL indicó que en la Comunidad de Madrid la inmigración registra una tasa de paro (22,43 por ciento) inferior que en otras regiones españolas, precisamente porque gran cantidad de extranjeros trabajan en el sector servicios (ayuda doméstica y hostelería, principalmente) frente a otras comunidades donde prima la agricultura, la industria o la construcción, sectores donde el desempleo ha afectado de forma más aguda.
García Vaso hizo un análisis de la situación del autoempleo de las mujeres inmigrantes asentadas en la región. Así, criticó que la tardanza y los problemas en las homologaciones de títulos universitarios, ya que muchas de las emprendedoras foráneas cuentan con formación académica elevada, y también mostró su disconformidad por el recorte en el Fondo de Acogida a Inmigrantes del Gobierno central.
Las condiciones laborales de este sector actualmente se rigen, según CCOO, por un real decreto del año 1985 que ha quedado muy desfasado. Para el sindicato mayoritario una jornada completa el sueldo debe ser de 14 pagas del salario mínimo, que asciende a 633,33 euros al mes, lo que corresponde a cinco euros por hora. Pero si la trabajadora ha de pagarse ella misma la cotización a la seguridad social, informó el diario El País, el salario mínimo debe ajustare para ser de entre 10 y 12 euros la hora.
Alternativas laborales
"Es imposible actualmente que las cajas de ahorros apoyen una idea empresarial liderada por inmigrantes. Es difícil para españoles también, pero más para los inmigrantes por la desconfianza que tiene por que retornen debido desempleo. Las cajas se han cerrado en banda y es prácticamente imposible conseguir financiación. Es la mayor dificultad que tienen las mujeres inmigrantes para emprender", agregó García Vaso.
Tras la firma de convenios entre Administraciones y entidades para facilitar financiación, exigió la diriginte que se compruebe si verdaderamente lo cumplen, ya que "muchas se hacen la foto, salen en prensa y nada más". "Realmente están haciendo microcrédito tres o cuatro cajas de ahorro. Sólo habría que renovar esos convenios con las que funciona. A nosotras nos funciona bien La Caixa y en proyectos más ambiciosos BBVA y Barclays", apuntó.
Respecto a Avalmadrid, García Vaso manifestó que esta sociedad de garantía recíproca ha funcionado bien para las mujeres empresarias aunque solicitó que se abra a trabajar con otras entidades financieras, además de Cajamadrid, porque esta caja "es de las pocas que no tienen líneas de microcréditos. "En Castilla León y Galicia tienen convenios con otras entidades y bancos que financiación microcréditos. Esta idea al personal técnico de Avalmadrid lo consideran interesante pero luego cuando subes más arriba en el escalafón parece que no les interesa", indicó.
Una asociación para las mujeres
García Vaso explicó que la asociación que dirige ayuda a constituir pymes y sociedades laborales a mujeres inmigrantes y que consigan formación, asesoramiento e información sobre las ayudas, financiación y normativa. En este sentido, señaló que las mujeres extranjeras que llegan a España tienen "demostrado y reconocido" su espíritu emprendedor y la mayoría llegan con formación, pero les falta habilidades directivas y conocimiento de las normativas del país.
La líder de AMESAL destacó que en un principio estas mujeres constituían locutorios y pequeños comercios y pequeñas agencias de viajes. Sin embargo, ahora, ante los problemas de financiación, tienen más dificultades para mantener estos proyectos y están montando otros negocios como peluquerías, estética y empresas relacionadas con la tecnología de la información.
Por último, García Vaso resaltó que cada vez más mujeres que ya han montado su negocio requieren formación. Así, su contrato-programa (95,000 euros de subvención) aprobado por la Consejería de Empleo dará formación a un 60 por ciento de profesionales activas, mientras que el 40 por ciento de las que lo cursan están en paro. Además, la asociación mantiene relación con los Centros de Participación de Inmigrantes (Cepi) de la región y fomenta programas de cooperación internacional en Chile, Paraguay y Burkina.
Piden cárcel para un alcalde que emitió certificados de residencia a inmigrantes sin padrón
La Fiscalía de Lérida pedirá tres años de cárcel para el alcalde de Alfarràs, Josep María Torrelles (CiU), por emitir acreditaciones de residencia en su pueblo a 149 inmigrantes no inscritos en el padrón, según confirmó el fiscal jefe, Juan Boné.
La Fiscalía sostiene que el alcalde emitió y firmó como documento público certificado bajo la forma de 'acreditaciones' en las que afirmaba que, según fuentes de la alcaldía, un ciudadano extranjero en situación irregular en España había residido durante un periodo determinado en el municipio de Alfarràs, conociendo que dichos ciudadanos no se encontraban inscritos en el padrón municipal. Así lo recoge la califificación del fiscal adelantada hoy por los diarios 'Segre' y 'La Mañana'.
El fiscal del caso pide también una multa de 5.400 euros y solicita la inhabilitación especial para el desempeño de función o cargo público de seis años. Como el Ministerio Público considera que los hechos pueden ser un delito de falsedad en certificado por autoridad o funcionario público, plantea una calificación alternativa de dos años de inhabilitación en lugar de seis.
Según publica 'Segre', el alcalde de Alfarràs ha sostenido siempre que actuó por motivos humanitarios. La investigación de la Policía Nacional no ha podido constatar si se lucró.
La Fiscalía sostiene que el alcalde emitió y firmó como documento público certificado bajo la forma de 'acreditaciones' en las que afirmaba que, según fuentes de la alcaldía, un ciudadano extranjero en situación irregular en España había residido durante un periodo determinado en el municipio de Alfarràs, conociendo que dichos ciudadanos no se encontraban inscritos en el padrón municipal. Así lo recoge la califificación del fiscal adelantada hoy por los diarios 'Segre' y 'La Mañana'.
El fiscal del caso pide también una multa de 5.400 euros y solicita la inhabilitación especial para el desempeño de función o cargo público de seis años. Como el Ministerio Público considera que los hechos pueden ser un delito de falsedad en certificado por autoridad o funcionario público, plantea una calificación alternativa de dos años de inhabilitación en lugar de seis.
Según publica 'Segre', el alcalde de Alfarràs ha sostenido siempre que actuó por motivos humanitarios. La investigación de la Policía Nacional no ha podido constatar si se lucró.
CiU propone fondo especial para municipios con más de un 20% de población inmigrante
Una propuesta para la creación, en el plazo de dos meses, de un Fondo específico que financie las políticas de integración y de equidad social en los "municipios con un porcentaje de inmigración superior al 20 por ciento del total de la población o bien tengan barrios que superen esa cifra", fue presentada este viernes en el Congreso de los Diputados, por el portavoz del CiU, Josep Antoni Duran i Lleida.
Duran explicó que esta proposición no de ley, que será debatida en la Comisión de Trabajo e Inmigración, pretende ayudar económicamente a los municipios que han registrado un mayor incremento de población extranjera y "que han tenido que hacer frente a un aumento de las necesidades de servicios y de asistencia social, sin que hayan percibido compensaciones económicas y administrativas".
Esta situación --señala--, unida a la crisis económica, "ha llevado a los ayuntamientos a una situación de dificultad financiera". "Esta ausencia de recursos se hace aún más evidente, y la percepción ciudadana más preocupante, en aquellos municipios donde el incremento de la población de origen extranjero ha sido más alto", asegura.
La propuesta también pide incorporar en la nueva Ley de Haciendas Locales un Fondo para las políticas municipales de integración de la inmigración destinado a los ayuntamientos que requieran realizar actuaciones de acogida e integración.
Evitar el fraude en el padrón
Asimismo, CiU solicita al Ejecutivo que promueva "los cambios legales necesarios y dote de los instrumentos jurídicos y de los medios materiales adecuados a los ayuntamientos para impedir la sobre ocupación de pisos, evitar la situaciones de infravivienda e imposibilitar y sancionar el uso fraudulento del padrón".
En este sentido, demanda que se impulse la existencia de criterios comunes entre las corporaciones locales a la hora de empadronar a ciudadanos extranjeros que habitualmente vivan en sus municipios.
Igualmente, pide que se establezcan mecanismos de vinculación de las bases de datos del padrón con las del censo, para que, en aquellos casos de nuevo empadronamiento que no tenga su reflejo en el último censo, las corporaciones locales puedan efectuar las gestiones oportunas para conocer el entorno social de dichas personas y así poder planificar debidamente los servicios sociales.
Elevada presencia de ‘sin papeles’
Por otra parte, el portavoz de CiU ha presentado una batería de preguntas por escrito para que el Gobierno concrete las medidas que piensa adoptar para hacer frente "a la situación de elevada presencia de inmigración irregular en determinados municipios".
También quiere que el Ejecutivo detalle si impulsará criterios comunes y consensuados entre las corporaciones locales y las Comunidades Autónomas para empadronar a ciudadanos extranjeros; y si facilitará criterios comunes entre corporaciones locales para determinar las situaciones de arraigo y de reagrupación familiar de las personas inmigradas de común acuerdo con las comunidades autónomas.
Duran explicó que esta proposición no de ley, que será debatida en la Comisión de Trabajo e Inmigración, pretende ayudar económicamente a los municipios que han registrado un mayor incremento de población extranjera y "que han tenido que hacer frente a un aumento de las necesidades de servicios y de asistencia social, sin que hayan percibido compensaciones económicas y administrativas".
Esta situación --señala--, unida a la crisis económica, "ha llevado a los ayuntamientos a una situación de dificultad financiera". "Esta ausencia de recursos se hace aún más evidente, y la percepción ciudadana más preocupante, en aquellos municipios donde el incremento de la población de origen extranjero ha sido más alto", asegura.
La propuesta también pide incorporar en la nueva Ley de Haciendas Locales un Fondo para las políticas municipales de integración de la inmigración destinado a los ayuntamientos que requieran realizar actuaciones de acogida e integración.
Evitar el fraude en el padrón
Asimismo, CiU solicita al Ejecutivo que promueva "los cambios legales necesarios y dote de los instrumentos jurídicos y de los medios materiales adecuados a los ayuntamientos para impedir la sobre ocupación de pisos, evitar la situaciones de infravivienda e imposibilitar y sancionar el uso fraudulento del padrón".
En este sentido, demanda que se impulse la existencia de criterios comunes entre las corporaciones locales a la hora de empadronar a ciudadanos extranjeros que habitualmente vivan en sus municipios.
Igualmente, pide que se establezcan mecanismos de vinculación de las bases de datos del padrón con las del censo, para que, en aquellos casos de nuevo empadronamiento que no tenga su reflejo en el último censo, las corporaciones locales puedan efectuar las gestiones oportunas para conocer el entorno social de dichas personas y así poder planificar debidamente los servicios sociales.
Elevada presencia de ‘sin papeles’
Por otra parte, el portavoz de CiU ha presentado una batería de preguntas por escrito para que el Gobierno concrete las medidas que piensa adoptar para hacer frente "a la situación de elevada presencia de inmigración irregular en determinados municipios".
También quiere que el Ejecutivo detalle si impulsará criterios comunes y consensuados entre las corporaciones locales y las Comunidades Autónomas para empadronar a ciudadanos extranjeros; y si facilitará criterios comunes entre corporaciones locales para determinar las situaciones de arraigo y de reagrupación familiar de las personas inmigradas de común acuerdo con las comunidades autónomas.
Salt, una olla a presión
Inmigración masiva, xenofobia y paro caracterizan el estallido social en un pueblo de Girona y alertan de lo que se está gestando ahora mismo en otros puntos de España
La ventanilla de un coche revienta ("crash") y cuando el dueño del vehículo sale de la peluquería con la cabellera a medio cortar, el ladrón ya se escapa a lo lejos por las calles del centro de Salt, un pueblo de Girona.
El tipo, un gambiano con chaqueta de pana, llama al 091 y jura mientras tanto que los culpables son un grupo de marroquíes sentados en la acerca de enfrente que no paran de reír. Siempre son ellos, asegura. "Nosotros no hemos visto nada, negro", le contesta con chulería Kamal, un adolescente que pasa el día con sus amigos fumando hachís y trapicheando con drogas en el barrio. Es miércoles, tres de la tarde. A plena luz del día.
La convivencia en Salt, donde el 43% de sus 31.000 ciudadanos son inmigrantes, se ha resquebrajado estos días.
Dos centenares de vecinos, hartos de la inseguridad en el pueblo, irrumpieron hace una semana de mala manera en el pleno del Ayuntamiento.
Dos días después, en la calle se enzarzaron con unos magrebíes. La mayoría eran padres de familia que no quieren que se criminalice a sus hijos, pero también andaba por ahí Morad el Hassani, un ex presidiario cansado de que la policía le registre cada día. Un exaltado, rodeado de extranjeros, le gritaba: "Dejad de robar. Volved a casa". Los Mossos d'Esquadra tuvieron que intervenir para que las cosas no llegasen a más. Desde entonces, nada ha vuelto a ser igual en Salt.
La tensión que se ha vivido aquí recuerda al germen que dio paso a las revueltas que se produjeron en los suburbios de París en junio del año pasado, protagonizadas por jóvenes inmigrantes descontentos con el sistema.
O a las de principios de año en la localidad italiana de Rosarno. La propia alcaldesa del municipio ha pedido a la Generalitat y al Estado más dinero y policía para impedir que los enfrentamientos vayan en aumento.
"Salt es un laboratorio de toda España. Lo que pase aquí se repetirá con los años en otros lugares", repite con frecuencia la regidora, Iolanda Pineda (PSC). Está por ver, pero en España crece un sentimiento en contra de la inmigración. Una advertencia: el 77% de los españoles considera "excesivo" o "elevado" el número de extranjeros en el país, según el informe Racismo y Xenofobia 2009, editado por el Ministerio de Trabajo e Inmigración.
La historia de Salt explica mejor que nadie cómo se ha llegado a esta situación. En 1974, Salt era un barrio de Girona (posteriormente independizado como municipio) en el que se construyeron cientos de pisos de protección oficial, sin parques ni zonas verdes.
Buena parte de la inmigración andaluza y extremeña se instaló aquí. Costaban unas 7.000 pesetas. Estas familias prosperaron y la mayoría acabaron yéndose a los municipios de alrededor, con mejor calidad de vida. Los pisos de Salt, que seguían siendo baratos, los fueron ocupando inmigrantes extranjeros, empleados en la construcción la mayoría de ellos. En 10 años, la población inmigrante pasó de un 10% a un 43%. Barriadas como el Grup Sant Jaume, por donde Dolors Boada camina hoy con las bolsas de la compra, han cambiado por completo.
Dolors, una viuda de 60 años que pasa el día en el hogar del jubilado haciendo gimnasia, es la única inquilina española que queda en su escalera. La mayoría de sus antiguos vecinos se han ido a pisos más amplios. El barrio se ha acabado degradando. Se vende droga, han aumentado la delincuencia (un 23% en todo el municipio) y a ella han dejado de visitarla sus nietos.
"A mis hijos les da miedo que vengan, no quieren traerlos. Pero a mí no me saca nadie de aquí. Ésta es mi casa y sólo saldré muerta", cuenta en chándal y zapatillas de casa. Dolors no tiende la ropa en la calle por miedo a que se la roben, y en su alféizar no hay ni una margarita que florezca. Se cansó de que se las destrozasen. Hace poco, cuando venía del mercado, uno de Los Gemelos, dos hermanos muy conocidos en el pueblo por robar, le quitó la cartera. Ni así claudica: "Ni hablar. Mi sitio está aquí".
Es raro encontrar a alguien como Dolors. La mayoría quiere irse del pueblo. Que le pregunten a Delfín Pérez, el presidente de una comunidad de vecinos situada en Torres i Bages, una de las calles más conflictivas del municipio. Vive en un tercero y asegura que en el resto del edificio se han instalado pisos patera, donde cobran tres euros a todo el que entre por un espacio en el suelo donde dormir. "Tengo unos terrenos en Caldes de Malavella y ahora que me han dado los permisos no me puedo ir porque nadie me compra el piso". De lo contrario no se lo pensaría dos veces. Entre él y otras tres familias españolas pagan casi toda la comunidad.
Dos calles más abajo, en una plaza llena de basura y con las fuentes destrozadas, se encuentra José María Cedacers, un hombre que se llena de furia cuando habla de su bloque de viviendas. La convivencia para él se ha vuelto insoportable. "No soy racista", dice de primeras, "pero es que los extranjeros que están aquí no quieren vivir en comunidad. Tiran la basura por la ventana, no mantienen limpio el portal... no puedo hacer más". Cedacers dice que él y otros cuatro vecinos cargan también con todos los gastos del bloque.
Cosas como ésta han creado mucho malestar entre la gente. "Aquí necesitamos un Anglada", suelta de repente un carpintero en paro del pueblo. Sus deseos han sido escuchados. El líder del partido político ultraderechista Plataforma per Catalunya (PxC), Josep Anglada, ha anunciado su desembarco en Salt.
El actual concejal de Vic, un municipio cercano a Barcelona, va más allá de querer impedir el empadronamiento de los inmigrantes sin papeles: pide directamente que cese la llegada de extranjeros. PxC pretende presentarse en las próximas elecciones municipales de 2011. El nombre de su cabeza de lista es todavía una incógnita.
Sentado ante una cerveza en un bar del pueblo, Jaume Torramadé no teme por la competencia que pueda suponer Anglada. El hombre ha dirigido durante ocho años el rumbo de Salt bajo las siglas de CiU. Desde 2007, él y sus siete concejales se sientan en la bancada de la oposición. Sólo 176 votos le separan de la actual alcaldesa, a la que acusa de populista: "Yo le hablé con claridad al pueblo. Le dije que era complicado convivir con todos los inmigrantes que habían llegado de golpe y porrazo. Salt necesitaba tiempo. Iolanda dijo que lo iba a solucionar todo de un día para otro. Pero se ha demostrado que no, que eso era una mentira. No se podía hacer. El problema es profundo y muy serio".
La inmigración llegó a Salt en la etapa de Torramadé, cuando los pisos levantados en los setenta pasaron de los inmigrantes nacionales a los extranjeros. "¿Por qué les dejaste venir?', me dice la gente. Pero yo no podía hacer nada, no podía meterme en una transacción económica entre dos personas", se excusa.
No podía, pero lo intentó. Puso en marcha una gestora inmobiliaria para controlar la venta de pisos en el centro de la ciudad, donde el porcentaje de inmigrantes se eleva al 80%. La idea consistía en que el Ayuntamiento se arrogaba el derecho de comprar los pisos en los que había inmigrantes interesados. Y lo hacía por el mismo precio.
La fórmula, muy cuestionable, pero según él perfecta, nunca se puso en marcha porque acabó perdiendo las elecciones. ¿Eso es racismo? "Lo sería en cualquier otro lugar, pero no en Salt. Hay que valerse de la discriminación, utilizarla, porque se está poniendo en riesgo el modelo", finiquita Torramadé.
La situación ha creado el caldo de cultivo ideal para que aparezcan agrupaciones con connotaciones racistas. "Casi toda la delincuencia que tiene Salt viene de la inmigración", se lee en la página web de Gent per Salt, una agrupación de 25 personas que pusieron el proyecto en marcha en abril del año pasado. Desean "salvar al municipio" imponiendo mano dura.
Su presidente, Antonio Rodríguez, un jienense que llegó al pueblo hace 40 años, niega ser un racista, pero explica que lo que está pasando es que "se van los buenos y vienen otros" con peores intenciones. "No podemos ser el cubo de la basura de Girona", declara ante un café en la escuela universitaria de fisioterapia. "Fallan los tres pilares: educación, vivienda y trabajo. Lo ideal para convivir", dice con ironía. Y añade: "Me preocupa que se vaya gente con raíces en el pueblo y venga gente que no las tiene. Sin educación".
La alcaldesa Pineda propone una fórmula distinta de la de sus oponentes para solucionar el problema: derribar pisos, ensanchar la ciudad, subir la calidad y el nivel de vida y conseguir así que los autóctonos no se vayan. Pero eso cuesta dinero, y el Ayuntamiento, con un presupuesto de 28 millones y una deuda de 24, no está precisamente boyante. "Les pedimos a todas las administraciones que nos tengan en cuenta. Es una situación de emergencia. Necesitamos un compromiso firme por parte de todos", afirma.
Iolanda Pineda, 34 años, es abogada. Ella maneja uno de los municipios más complicados de Cataluña y no le da miedo admitirlo. "En 10 años hemos tenido un crecimiento brutal de la inmigración. Eso no es fácil de digerir", explica siempre que alguien le pone un micrófono.
Los que conocen las tripas de la política municipal aseguran que con ella los inmigrantes han dejado de ser invisibles, aunque sus críticos piensen lo contrario. Se han creado mesas de diálogo interreligioso con 46 entidades extranjeras representadas, programas para el cobro de deudores en las comunidades de vecinos, agentes cívicos, cursos de alfabetización catalana...
El día a día es una batalla, pero Pineda no la libra sola. Allí donde hay un follón estos días aparece un hombre alto, delgado, con gafas redondas y el cabello blanco. A las diez de la mañana o de la noche, da igual. Se trata de Andreu Bover, el responsable de inmigración del Consistorio. Bover ha apagado más de un fuego entre inmigrantes y españoles, en los que siempre estaba envuelto Morad el Hassani.
Morad tiene 28 años y la cabeza llena de cicatrices. Quien lo busque le encontrará sentado en el banco frente al Ayuntamiento. Lleva en el pueblo desde los 14, aunque tres años y medio los pasó en la cárcel por un delito de tráfico de drogas. Ahora afirma que está limpio, que no quiere problemas. A los Mossos d'Esquadra les consta una docena detenciones por agresión sexual, tráfico de drogas, conducción temeraria, lesiones o atentado a la autoridad, según contó el diario El Punt.
El día de los enfrentamientos ante el Consistorio, Morad, por casualidad, acudía a pedir hora para empadronar a su hija Soraya, recién nacida. En la puerta se encontró a españoles e inmigrantes intercambiando gritos y todo tipo de acusaciones. Con su coronilla de fraile, los dientes picados y el líder que lleva dentro (en la cárcel era preso de confianza) se erigió de inmediato en portavoz: "¡No se puede identificar inmigración con delincuencia! ¡Nos están usando CiU y PP para ganar las elecciones! ¡Sólo nos cachean a nosotros porque somos marroquíes!". Su imagen salió en todas las televisiones. En la mayoría de los periódicos.
La alcaldesa, días después, convocó una reunión con las asociaciones de inmigrantes para poner calma en el municipio. Desde el Ayuntamiento aseguraban que ese chico problemático, delincuente habitual, no iba a estar en la reunión; pero quién sabe cómo se las apañó Morad, el padre primerizo, que acabó como un héroe accidental, como un mediador entre pueblos, y haciéndose la foto con la alcaldesa. Mano sobre mano.
No es raro ver a Morad dando vueltas sin mucho que hacer por Salt. Está en paro y pasa aquí y allá todo el día, aunque ahora tiene que buscar tiempo para su mujer y su nueva hija. "Yo puedo tener al pueblo tranquilo, calmado, sin problemas", cuenta en un banco, con una botella de agua entre las piernas que se ha traído de casa. Alrededor, unos quince compatriotas, todos parados, escuchan la conversación. Está harto de que le cacheen en mitad de la calle, delante de todo el mundo. "Así nos miran y dicen que somos unos delincuentes. La policía se pasa el día humillándonos", dice, y de un golpe de cabeza señala a un furgón de los mossos que está aparcado frente al parque.
¿Y los que le acusan de no ser un interlocutor válido de su comunidad por sus antecedentes? "¡Tengo derecho a la reinserción!", le espeta a todo aquel que quiera escucharle. Por el momento le han vetado. No va a encabezar ningún movimiento juvenil, como él pensaba. La asociación de chavales marroquíes, que está en camino de constituirse, ya le ha buscado un sustituto: un joven de 20 años, mecánico y con un historial inmaculado.
Cualquier día de la semana se encuentran las esquinas repletas de corrillos de gente. Igual que los bares. En las carnicerías de marroquíes no cabe un alma, pero la mayoría son familiares que están tomando el té. En este pueblo donde sobran peluquerías, el 25% de los inmigrantes y el 13% de los autóctonos están parados. Y eso ha afectado mucho a la convivencia.
"Yo soy prorracista", clama sin pudor una mujer de 59 años que se niega a dar su nombre. Le molesta que se escupa por la calle o que los inmigrantes hagan, según ella, tanto ruido en la calle. "Por desgracia, he nacido aquí. No me puedo pagar otro piso, si no, ya me habría ido", lanza un segundo antes de irse, calle abajo, y mirar con desprecio a dos mujeres que cruzan la calle con velo.
Dentro de la comunidad musulmana hay quien intenta calmar los ánimos. Es el caso de Mohammed Ataouil, a quien parece que lo hayan estirado como un chicle. Viste con túnica, es alto y lleva barba. Ataouil se ha esforzado en mantener a raya a Morad y los suyos estos días. No es un líder religioso, pero casi. Los marroquíes (la mitad de los inmigrantes en Salt) le escuchan. Ataouil posee una carnicería y una frutería y preside la asociación cultural Al Hilal. "A mí también me han robado en mis negocios. La delincuencia no tiene nacionalidad".
Los jóvenes, comandados por Morad, le han mirado con desconfianza. No se sienten representados por gente como Ataouil, hombres de barbas de chivo, porque ellos se consideran laicos. "En el tema de la convivencia hay que dejar el Corán de lado", opinan.
Las dos parroquias de la ciudad han intentado también calmar los ánimos. Durante la liturgia del domingo pasado, el cura leyó una plegaria en la que abogaba por el "respeto, el diálogo y la buena convivencia". "La seguridad es un derecho, como es un derecho tener un trabajo digno y lo es poder poner cada día un plato en la mesa", pudieron escuchar los fieles durante la misa. Amén, se escuchó al final.
Claro que hay un Salt donde no existen estos problemas, donde la gente va al teatro, paga la comunidad con regularidad y los jóvenes acuden a la Universidad. Alrededor de las viviendas unifamiliares se ven preciosos jardines. Pero no es ahí donde se concentra la mayoría de los extranjeros: el 80% de ellos vive en el centro, donde no crece precisamente el verde, un sitio en el que la gente pasa parte del día a la puerta de su casa.
Los inmigrantes aseguran haber sufrido en primera persona la oleada de robos que afecta a la localidad. En el bar Fouta hay un ruidoso futbolín y una pantalla gigante donde se ve el fútbol. Su dueño, Bari, de 40 años, es de la República de Guinea. Hace 10 años que está en Salt y asegura que nunca le han parado por la calle. Él es sólo una víctima más de la delincuencia. Hace tres meses entraron en su bar, le robaron la cadena de música, una televisión de plasma y "whisky del bueno". Se suma a los muchos vecinos que quieren irse. "No es racismo. Menos por mi parte, mírame la piel. Sencillamente, no se puede vivir. Yo no quiero que mis hijas crezcan aquí". Aún está a tiempo: las niñas tienen tres y cinco años.
Un bar tampoco es que sea una balsa de aceite. De noche se puede comprar un teléfono Nokia robado por cinco euros o conocer la historia de un hombre que dice llamarse Eduardo y que se ha pasado una temporada entre rejas por causar la muerte de dos ancianos en un accidente de tráfico cuando iba bebido. "Las he hecho de todos los colores, robos, drogas y caigo por esa tontería del accidente", confiesa, lamentado su supuesta mala suerte. Es de noche, el alcohol empieza a hacer mella.
Tres calles más arriba, los adolescentes marroquíes siguen fumando hachís a la puerta del restaurante chino. La mayoría han nacido en Cataluña. Ni estudian ni trabajan. Juegan al billar, hablan de coches de gran cilindrada, del sueño de tener una cartera llena de fajos de billetes.
Pero la realidad es otra: "No somos nadie, invisibles. Sólo nos miran para echarnos la culpa de algún robo. Siempre que pasa algo en el pueblo aparece un coche de policía por aquí". Aunque invisibles, han arruinado el negocio del restaurante, regentado por un matrimonio y su hijo. Los pocos clientes que había en el último año han dejado definitivamente de venir. Como la mayoría de los que viven en el pueblo, Zhan Huan, de 42 años, se quiere ir. "Me han arruinado el negocio. Sólo quiero traspasarlo e irme lo más lejos que pueda", cuenta el hombre, hastiado. Su mujer, mientras, va mesa por mesa intentando echar a los que fuman drogas. No le hacen caso y desiste pronto.
La mayoría de estos chicos han estudiado en La Farga. Cuando se le pregunta a la directora, Gemma Boix, qué porcentaje de inmigrantes hay, contesta que un 95%, aunque es demasiado generosa con el número de escolares nacionales. En realidad, de los 410 alumnos que tiene el colegio, sólo cuatro pertenecen a familias españolas. El resto procede de otros países. "No sé si yo misma traería a mis hijos", llega a decir Boix. La Farga es, prácticamente en su totalidad, un colegio de escolares de padres inmigrantes.
Cuando empieza el curso no hay ningún niño que entienda a la profesora. Al acabar ya saben hablar medianamente bien catalán y castellano. "A su nivel, claro, pero entienden el idioma", dice Boix, para quien es un orgullo y un ejemplo el trabajo que hacen. Hace ya unos 10 años que es la escuela con más inmigrantes. Se debe a su tamaño: era el centro de enseñanza más grande del pueblo y siempre sobraban plazas. Si llegaba un niño a la ciudad en mitad del curso, lo mandaban aquí.
Primero llegaron andaluces y extremeños. Ahora, la inmigración marroquí, senegalesa, gambiana, paquistaní, suramericana... Pero los problemas no son los mismos. Boix ha tenido que negociar con más de un padre musulmán que no quiere llevar a su niña a la piscina. "Es uno o dos por curso, como mucho", dice, intentando quitar hierro al asunto. Por ahora siempre ha convencido a los progenitores. En caso contrario, los niños deberían cambiar de colegio. Boix es también beligerante con el velo. "Son niñas, tienen 12 años. Yo les digo que ya tendrán tiempo en el instituto de llevar el velo si quieren. Aquí prefiero que vayan destapadas".
¿Cuál es el futuro de estos chavales inmigrantes, que han llegado a un país del que ni siquiera conocen la lengua? "No suelen ir a la universidad, acaban en módulos profesionales", cuenta Ferran Jambert, director de la escuela Veinat. Fuera de la oficina no para de llover. En 1992 había sólo un inmigrante en el colegio, ahora están ya en el 74%. Y subiendo. "A los tres años es cuando más problemas tienen. No hablan ni español ni catalán.
Eso produce un retraso que hay que paliar con aulas de refuerzo", lamenta el director. A la salida del colegio se ve a dos chicas, una negra y otra con un velo, compartir el paraguas. "Nos llevamos de maravilla", coinciden las dos. Creen que los problemas de convivencia, de inseguridad, son cosas de mayores. "No han crecido juntos, como nosotras", afirma Fátima, muy dispuesta.
Tanto políticos como los propios educadores piden una repartición. ¿El ideal para que la integración fuera efectiva? "Un 20% o un 30%" de alumnos de familias inmigrantes, asegura Torramadé. Proponen que escuelas de otras ciudades de los alrededores asuman parte de esa inmigración. Por ahora no se conocen voluntarios. "Algún día llegará una generación adaptada y todo funcionará bien. Estaremos como Ámsterdam", desea Boix. Aunque no se atreve a predecir en cuánto tiempo podría llegar ese día soñado.
La explosión de la inmigración ha desbordado también los centros sanitarios. La seguridad también es la conversación de moda en la sala de espera del centro de asistencia primaria.
-En Girona ciudad no me han robado ni una vez. Está plagado de mossos.
-Pues aquí no los ves. Eso es lo que hace falta.
Dos ancianos y una anciana comentan la jugada. Varias sillas de plástico más allá, cuatro mujeres marroquíes y dos hombres charlan también. Quizá se refieran al convulso ambiente de Salt. No lo sabemos. Hablan en su idioma.
"La situación que nos encontramos en el ambulatorio se parece a la España de hace 50 o 100 años", cuenta Laura Taberné, médico de familia en Salt. Cuenta que la población de pediatras está desbordada. "El modelo español está pensado para un hijo, y ahora las familias inmigrantes tienen cinco". En su día a día básicamente asiste a inmigrantes. Se encuentra con enfermedades tropicales, con hepatitis, incluso con tuberculosis.
Aunque la batalla principal son las costumbres. "Hay hombres que no quieren que a sus mujeres las visite un médico varón". O personas que durante el Ramadán no quieren tomar la medicación.
Y así sigue la vida en Salt, con los ánimos caldeados. Los chicos en la puerta del restaurante chino, Morad sentado en el banco poniendo orden entre los suyos. La alcaldesa, mientras, pidiendo dinero para solucionar los problemas, temiendo que esto se repita en el resto del país.
Cualquier excusa es buena para iniciar un conflicto ahora, como la discusión en la que se enzarzó el jueves un africano que acabó destrozando con un gato hidráulico los cristales del coche de un tipo que le había llamado "negro de mierda". La dueña de un bar que vio toda la escena se limitó a decir: "Gracias a Dios, hoy no ha pasado nada. Pero acabará pasando".
La ventanilla de un coche revienta ("crash") y cuando el dueño del vehículo sale de la peluquería con la cabellera a medio cortar, el ladrón ya se escapa a lo lejos por las calles del centro de Salt, un pueblo de Girona.
El tipo, un gambiano con chaqueta de pana, llama al 091 y jura mientras tanto que los culpables son un grupo de marroquíes sentados en la acerca de enfrente que no paran de reír. Siempre son ellos, asegura. "Nosotros no hemos visto nada, negro", le contesta con chulería Kamal, un adolescente que pasa el día con sus amigos fumando hachís y trapicheando con drogas en el barrio. Es miércoles, tres de la tarde. A plena luz del día.
La convivencia en Salt, donde el 43% de sus 31.000 ciudadanos son inmigrantes, se ha resquebrajado estos días.
Dos centenares de vecinos, hartos de la inseguridad en el pueblo, irrumpieron hace una semana de mala manera en el pleno del Ayuntamiento.
Dos días después, en la calle se enzarzaron con unos magrebíes. La mayoría eran padres de familia que no quieren que se criminalice a sus hijos, pero también andaba por ahí Morad el Hassani, un ex presidiario cansado de que la policía le registre cada día. Un exaltado, rodeado de extranjeros, le gritaba: "Dejad de robar. Volved a casa". Los Mossos d'Esquadra tuvieron que intervenir para que las cosas no llegasen a más. Desde entonces, nada ha vuelto a ser igual en Salt.
La tensión que se ha vivido aquí recuerda al germen que dio paso a las revueltas que se produjeron en los suburbios de París en junio del año pasado, protagonizadas por jóvenes inmigrantes descontentos con el sistema.
O a las de principios de año en la localidad italiana de Rosarno. La propia alcaldesa del municipio ha pedido a la Generalitat y al Estado más dinero y policía para impedir que los enfrentamientos vayan en aumento.
"Salt es un laboratorio de toda España. Lo que pase aquí se repetirá con los años en otros lugares", repite con frecuencia la regidora, Iolanda Pineda (PSC). Está por ver, pero en España crece un sentimiento en contra de la inmigración. Una advertencia: el 77% de los españoles considera "excesivo" o "elevado" el número de extranjeros en el país, según el informe Racismo y Xenofobia 2009, editado por el Ministerio de Trabajo e Inmigración.
La historia de Salt explica mejor que nadie cómo se ha llegado a esta situación. En 1974, Salt era un barrio de Girona (posteriormente independizado como municipio) en el que se construyeron cientos de pisos de protección oficial, sin parques ni zonas verdes.
Buena parte de la inmigración andaluza y extremeña se instaló aquí. Costaban unas 7.000 pesetas. Estas familias prosperaron y la mayoría acabaron yéndose a los municipios de alrededor, con mejor calidad de vida. Los pisos de Salt, que seguían siendo baratos, los fueron ocupando inmigrantes extranjeros, empleados en la construcción la mayoría de ellos. En 10 años, la población inmigrante pasó de un 10% a un 43%. Barriadas como el Grup Sant Jaume, por donde Dolors Boada camina hoy con las bolsas de la compra, han cambiado por completo.
Dolors, una viuda de 60 años que pasa el día en el hogar del jubilado haciendo gimnasia, es la única inquilina española que queda en su escalera. La mayoría de sus antiguos vecinos se han ido a pisos más amplios. El barrio se ha acabado degradando. Se vende droga, han aumentado la delincuencia (un 23% en todo el municipio) y a ella han dejado de visitarla sus nietos.
"A mis hijos les da miedo que vengan, no quieren traerlos. Pero a mí no me saca nadie de aquí. Ésta es mi casa y sólo saldré muerta", cuenta en chándal y zapatillas de casa. Dolors no tiende la ropa en la calle por miedo a que se la roben, y en su alféizar no hay ni una margarita que florezca. Se cansó de que se las destrozasen. Hace poco, cuando venía del mercado, uno de Los Gemelos, dos hermanos muy conocidos en el pueblo por robar, le quitó la cartera. Ni así claudica: "Ni hablar. Mi sitio está aquí".
Es raro encontrar a alguien como Dolors. La mayoría quiere irse del pueblo. Que le pregunten a Delfín Pérez, el presidente de una comunidad de vecinos situada en Torres i Bages, una de las calles más conflictivas del municipio. Vive en un tercero y asegura que en el resto del edificio se han instalado pisos patera, donde cobran tres euros a todo el que entre por un espacio en el suelo donde dormir. "Tengo unos terrenos en Caldes de Malavella y ahora que me han dado los permisos no me puedo ir porque nadie me compra el piso". De lo contrario no se lo pensaría dos veces. Entre él y otras tres familias españolas pagan casi toda la comunidad.
Dos calles más abajo, en una plaza llena de basura y con las fuentes destrozadas, se encuentra José María Cedacers, un hombre que se llena de furia cuando habla de su bloque de viviendas. La convivencia para él se ha vuelto insoportable. "No soy racista", dice de primeras, "pero es que los extranjeros que están aquí no quieren vivir en comunidad. Tiran la basura por la ventana, no mantienen limpio el portal... no puedo hacer más". Cedacers dice que él y otros cuatro vecinos cargan también con todos los gastos del bloque.
Cosas como ésta han creado mucho malestar entre la gente. "Aquí necesitamos un Anglada", suelta de repente un carpintero en paro del pueblo. Sus deseos han sido escuchados. El líder del partido político ultraderechista Plataforma per Catalunya (PxC), Josep Anglada, ha anunciado su desembarco en Salt.
El actual concejal de Vic, un municipio cercano a Barcelona, va más allá de querer impedir el empadronamiento de los inmigrantes sin papeles: pide directamente que cese la llegada de extranjeros. PxC pretende presentarse en las próximas elecciones municipales de 2011. El nombre de su cabeza de lista es todavía una incógnita.
Sentado ante una cerveza en un bar del pueblo, Jaume Torramadé no teme por la competencia que pueda suponer Anglada. El hombre ha dirigido durante ocho años el rumbo de Salt bajo las siglas de CiU. Desde 2007, él y sus siete concejales se sientan en la bancada de la oposición. Sólo 176 votos le separan de la actual alcaldesa, a la que acusa de populista: "Yo le hablé con claridad al pueblo. Le dije que era complicado convivir con todos los inmigrantes que habían llegado de golpe y porrazo. Salt necesitaba tiempo. Iolanda dijo que lo iba a solucionar todo de un día para otro. Pero se ha demostrado que no, que eso era una mentira. No se podía hacer. El problema es profundo y muy serio".
La inmigración llegó a Salt en la etapa de Torramadé, cuando los pisos levantados en los setenta pasaron de los inmigrantes nacionales a los extranjeros. "¿Por qué les dejaste venir?', me dice la gente. Pero yo no podía hacer nada, no podía meterme en una transacción económica entre dos personas", se excusa.
No podía, pero lo intentó. Puso en marcha una gestora inmobiliaria para controlar la venta de pisos en el centro de la ciudad, donde el porcentaje de inmigrantes se eleva al 80%. La idea consistía en que el Ayuntamiento se arrogaba el derecho de comprar los pisos en los que había inmigrantes interesados. Y lo hacía por el mismo precio.
La fórmula, muy cuestionable, pero según él perfecta, nunca se puso en marcha porque acabó perdiendo las elecciones. ¿Eso es racismo? "Lo sería en cualquier otro lugar, pero no en Salt. Hay que valerse de la discriminación, utilizarla, porque se está poniendo en riesgo el modelo", finiquita Torramadé.
La situación ha creado el caldo de cultivo ideal para que aparezcan agrupaciones con connotaciones racistas. "Casi toda la delincuencia que tiene Salt viene de la inmigración", se lee en la página web de Gent per Salt, una agrupación de 25 personas que pusieron el proyecto en marcha en abril del año pasado. Desean "salvar al municipio" imponiendo mano dura.
Su presidente, Antonio Rodríguez, un jienense que llegó al pueblo hace 40 años, niega ser un racista, pero explica que lo que está pasando es que "se van los buenos y vienen otros" con peores intenciones. "No podemos ser el cubo de la basura de Girona", declara ante un café en la escuela universitaria de fisioterapia. "Fallan los tres pilares: educación, vivienda y trabajo. Lo ideal para convivir", dice con ironía. Y añade: "Me preocupa que se vaya gente con raíces en el pueblo y venga gente que no las tiene. Sin educación".
La alcaldesa Pineda propone una fórmula distinta de la de sus oponentes para solucionar el problema: derribar pisos, ensanchar la ciudad, subir la calidad y el nivel de vida y conseguir así que los autóctonos no se vayan. Pero eso cuesta dinero, y el Ayuntamiento, con un presupuesto de 28 millones y una deuda de 24, no está precisamente boyante. "Les pedimos a todas las administraciones que nos tengan en cuenta. Es una situación de emergencia. Necesitamos un compromiso firme por parte de todos", afirma.
Iolanda Pineda, 34 años, es abogada. Ella maneja uno de los municipios más complicados de Cataluña y no le da miedo admitirlo. "En 10 años hemos tenido un crecimiento brutal de la inmigración. Eso no es fácil de digerir", explica siempre que alguien le pone un micrófono.
Los que conocen las tripas de la política municipal aseguran que con ella los inmigrantes han dejado de ser invisibles, aunque sus críticos piensen lo contrario. Se han creado mesas de diálogo interreligioso con 46 entidades extranjeras representadas, programas para el cobro de deudores en las comunidades de vecinos, agentes cívicos, cursos de alfabetización catalana...
El día a día es una batalla, pero Pineda no la libra sola. Allí donde hay un follón estos días aparece un hombre alto, delgado, con gafas redondas y el cabello blanco. A las diez de la mañana o de la noche, da igual. Se trata de Andreu Bover, el responsable de inmigración del Consistorio. Bover ha apagado más de un fuego entre inmigrantes y españoles, en los que siempre estaba envuelto Morad el Hassani.
Morad tiene 28 años y la cabeza llena de cicatrices. Quien lo busque le encontrará sentado en el banco frente al Ayuntamiento. Lleva en el pueblo desde los 14, aunque tres años y medio los pasó en la cárcel por un delito de tráfico de drogas. Ahora afirma que está limpio, que no quiere problemas. A los Mossos d'Esquadra les consta una docena detenciones por agresión sexual, tráfico de drogas, conducción temeraria, lesiones o atentado a la autoridad, según contó el diario El Punt.
El día de los enfrentamientos ante el Consistorio, Morad, por casualidad, acudía a pedir hora para empadronar a su hija Soraya, recién nacida. En la puerta se encontró a españoles e inmigrantes intercambiando gritos y todo tipo de acusaciones. Con su coronilla de fraile, los dientes picados y el líder que lleva dentro (en la cárcel era preso de confianza) se erigió de inmediato en portavoz: "¡No se puede identificar inmigración con delincuencia! ¡Nos están usando CiU y PP para ganar las elecciones! ¡Sólo nos cachean a nosotros porque somos marroquíes!". Su imagen salió en todas las televisiones. En la mayoría de los periódicos.
La alcaldesa, días después, convocó una reunión con las asociaciones de inmigrantes para poner calma en el municipio. Desde el Ayuntamiento aseguraban que ese chico problemático, delincuente habitual, no iba a estar en la reunión; pero quién sabe cómo se las apañó Morad, el padre primerizo, que acabó como un héroe accidental, como un mediador entre pueblos, y haciéndose la foto con la alcaldesa. Mano sobre mano.
No es raro ver a Morad dando vueltas sin mucho que hacer por Salt. Está en paro y pasa aquí y allá todo el día, aunque ahora tiene que buscar tiempo para su mujer y su nueva hija. "Yo puedo tener al pueblo tranquilo, calmado, sin problemas", cuenta en un banco, con una botella de agua entre las piernas que se ha traído de casa. Alrededor, unos quince compatriotas, todos parados, escuchan la conversación. Está harto de que le cacheen en mitad de la calle, delante de todo el mundo. "Así nos miran y dicen que somos unos delincuentes. La policía se pasa el día humillándonos", dice, y de un golpe de cabeza señala a un furgón de los mossos que está aparcado frente al parque.
¿Y los que le acusan de no ser un interlocutor válido de su comunidad por sus antecedentes? "¡Tengo derecho a la reinserción!", le espeta a todo aquel que quiera escucharle. Por el momento le han vetado. No va a encabezar ningún movimiento juvenil, como él pensaba. La asociación de chavales marroquíes, que está en camino de constituirse, ya le ha buscado un sustituto: un joven de 20 años, mecánico y con un historial inmaculado.
Cualquier día de la semana se encuentran las esquinas repletas de corrillos de gente. Igual que los bares. En las carnicerías de marroquíes no cabe un alma, pero la mayoría son familiares que están tomando el té. En este pueblo donde sobran peluquerías, el 25% de los inmigrantes y el 13% de los autóctonos están parados. Y eso ha afectado mucho a la convivencia.
"Yo soy prorracista", clama sin pudor una mujer de 59 años que se niega a dar su nombre. Le molesta que se escupa por la calle o que los inmigrantes hagan, según ella, tanto ruido en la calle. "Por desgracia, he nacido aquí. No me puedo pagar otro piso, si no, ya me habría ido", lanza un segundo antes de irse, calle abajo, y mirar con desprecio a dos mujeres que cruzan la calle con velo.
Dentro de la comunidad musulmana hay quien intenta calmar los ánimos. Es el caso de Mohammed Ataouil, a quien parece que lo hayan estirado como un chicle. Viste con túnica, es alto y lleva barba. Ataouil se ha esforzado en mantener a raya a Morad y los suyos estos días. No es un líder religioso, pero casi. Los marroquíes (la mitad de los inmigrantes en Salt) le escuchan. Ataouil posee una carnicería y una frutería y preside la asociación cultural Al Hilal. "A mí también me han robado en mis negocios. La delincuencia no tiene nacionalidad".
Los jóvenes, comandados por Morad, le han mirado con desconfianza. No se sienten representados por gente como Ataouil, hombres de barbas de chivo, porque ellos se consideran laicos. "En el tema de la convivencia hay que dejar el Corán de lado", opinan.
Las dos parroquias de la ciudad han intentado también calmar los ánimos. Durante la liturgia del domingo pasado, el cura leyó una plegaria en la que abogaba por el "respeto, el diálogo y la buena convivencia". "La seguridad es un derecho, como es un derecho tener un trabajo digno y lo es poder poner cada día un plato en la mesa", pudieron escuchar los fieles durante la misa. Amén, se escuchó al final.
Claro que hay un Salt donde no existen estos problemas, donde la gente va al teatro, paga la comunidad con regularidad y los jóvenes acuden a la Universidad. Alrededor de las viviendas unifamiliares se ven preciosos jardines. Pero no es ahí donde se concentra la mayoría de los extranjeros: el 80% de ellos vive en el centro, donde no crece precisamente el verde, un sitio en el que la gente pasa parte del día a la puerta de su casa.
Los inmigrantes aseguran haber sufrido en primera persona la oleada de robos que afecta a la localidad. En el bar Fouta hay un ruidoso futbolín y una pantalla gigante donde se ve el fútbol. Su dueño, Bari, de 40 años, es de la República de Guinea. Hace 10 años que está en Salt y asegura que nunca le han parado por la calle. Él es sólo una víctima más de la delincuencia. Hace tres meses entraron en su bar, le robaron la cadena de música, una televisión de plasma y "whisky del bueno". Se suma a los muchos vecinos que quieren irse. "No es racismo. Menos por mi parte, mírame la piel. Sencillamente, no se puede vivir. Yo no quiero que mis hijas crezcan aquí". Aún está a tiempo: las niñas tienen tres y cinco años.
Un bar tampoco es que sea una balsa de aceite. De noche se puede comprar un teléfono Nokia robado por cinco euros o conocer la historia de un hombre que dice llamarse Eduardo y que se ha pasado una temporada entre rejas por causar la muerte de dos ancianos en un accidente de tráfico cuando iba bebido. "Las he hecho de todos los colores, robos, drogas y caigo por esa tontería del accidente", confiesa, lamentado su supuesta mala suerte. Es de noche, el alcohol empieza a hacer mella.
Tres calles más arriba, los adolescentes marroquíes siguen fumando hachís a la puerta del restaurante chino. La mayoría han nacido en Cataluña. Ni estudian ni trabajan. Juegan al billar, hablan de coches de gran cilindrada, del sueño de tener una cartera llena de fajos de billetes.
Pero la realidad es otra: "No somos nadie, invisibles. Sólo nos miran para echarnos la culpa de algún robo. Siempre que pasa algo en el pueblo aparece un coche de policía por aquí". Aunque invisibles, han arruinado el negocio del restaurante, regentado por un matrimonio y su hijo. Los pocos clientes que había en el último año han dejado definitivamente de venir. Como la mayoría de los que viven en el pueblo, Zhan Huan, de 42 años, se quiere ir. "Me han arruinado el negocio. Sólo quiero traspasarlo e irme lo más lejos que pueda", cuenta el hombre, hastiado. Su mujer, mientras, va mesa por mesa intentando echar a los que fuman drogas. No le hacen caso y desiste pronto.
La mayoría de estos chicos han estudiado en La Farga. Cuando se le pregunta a la directora, Gemma Boix, qué porcentaje de inmigrantes hay, contesta que un 95%, aunque es demasiado generosa con el número de escolares nacionales. En realidad, de los 410 alumnos que tiene el colegio, sólo cuatro pertenecen a familias españolas. El resto procede de otros países. "No sé si yo misma traería a mis hijos", llega a decir Boix. La Farga es, prácticamente en su totalidad, un colegio de escolares de padres inmigrantes.
Cuando empieza el curso no hay ningún niño que entienda a la profesora. Al acabar ya saben hablar medianamente bien catalán y castellano. "A su nivel, claro, pero entienden el idioma", dice Boix, para quien es un orgullo y un ejemplo el trabajo que hacen. Hace ya unos 10 años que es la escuela con más inmigrantes. Se debe a su tamaño: era el centro de enseñanza más grande del pueblo y siempre sobraban plazas. Si llegaba un niño a la ciudad en mitad del curso, lo mandaban aquí.
Primero llegaron andaluces y extremeños. Ahora, la inmigración marroquí, senegalesa, gambiana, paquistaní, suramericana... Pero los problemas no son los mismos. Boix ha tenido que negociar con más de un padre musulmán que no quiere llevar a su niña a la piscina. "Es uno o dos por curso, como mucho", dice, intentando quitar hierro al asunto. Por ahora siempre ha convencido a los progenitores. En caso contrario, los niños deberían cambiar de colegio. Boix es también beligerante con el velo. "Son niñas, tienen 12 años. Yo les digo que ya tendrán tiempo en el instituto de llevar el velo si quieren. Aquí prefiero que vayan destapadas".
¿Cuál es el futuro de estos chavales inmigrantes, que han llegado a un país del que ni siquiera conocen la lengua? "No suelen ir a la universidad, acaban en módulos profesionales", cuenta Ferran Jambert, director de la escuela Veinat. Fuera de la oficina no para de llover. En 1992 había sólo un inmigrante en el colegio, ahora están ya en el 74%. Y subiendo. "A los tres años es cuando más problemas tienen. No hablan ni español ni catalán.
Eso produce un retraso que hay que paliar con aulas de refuerzo", lamenta el director. A la salida del colegio se ve a dos chicas, una negra y otra con un velo, compartir el paraguas. "Nos llevamos de maravilla", coinciden las dos. Creen que los problemas de convivencia, de inseguridad, son cosas de mayores. "No han crecido juntos, como nosotras", afirma Fátima, muy dispuesta.
Tanto políticos como los propios educadores piden una repartición. ¿El ideal para que la integración fuera efectiva? "Un 20% o un 30%" de alumnos de familias inmigrantes, asegura Torramadé. Proponen que escuelas de otras ciudades de los alrededores asuman parte de esa inmigración. Por ahora no se conocen voluntarios. "Algún día llegará una generación adaptada y todo funcionará bien. Estaremos como Ámsterdam", desea Boix. Aunque no se atreve a predecir en cuánto tiempo podría llegar ese día soñado.
La explosión de la inmigración ha desbordado también los centros sanitarios. La seguridad también es la conversación de moda en la sala de espera del centro de asistencia primaria.
-En Girona ciudad no me han robado ni una vez. Está plagado de mossos.
-Pues aquí no los ves. Eso es lo que hace falta.
Dos ancianos y una anciana comentan la jugada. Varias sillas de plástico más allá, cuatro mujeres marroquíes y dos hombres charlan también. Quizá se refieran al convulso ambiente de Salt. No lo sabemos. Hablan en su idioma.
"La situación que nos encontramos en el ambulatorio se parece a la España de hace 50 o 100 años", cuenta Laura Taberné, médico de familia en Salt. Cuenta que la población de pediatras está desbordada. "El modelo español está pensado para un hijo, y ahora las familias inmigrantes tienen cinco". En su día a día básicamente asiste a inmigrantes. Se encuentra con enfermedades tropicales, con hepatitis, incluso con tuberculosis.
Aunque la batalla principal son las costumbres. "Hay hombres que no quieren que a sus mujeres las visite un médico varón". O personas que durante el Ramadán no quieren tomar la medicación.
Y así sigue la vida en Salt, con los ánimos caldeados. Los chicos en la puerta del restaurante chino, Morad sentado en el banco poniendo orden entre los suyos. La alcaldesa, mientras, pidiendo dinero para solucionar los problemas, temiendo que esto se repita en el resto del país.
Cualquier excusa es buena para iniciar un conflicto ahora, como la discusión en la que se enzarzó el jueves un africano que acabó destrozando con un gato hidráulico los cristales del coche de un tipo que le había llamado "negro de mierda". La dueña de un bar que vio toda la escena se limitó a decir: "Gracias a Dios, hoy no ha pasado nada. Pero acabará pasando".
El fracaso escolar entre los inmigrantes duplica la media
El fracaso escolar entre los inmigrantes duplica la media
Educació apuesta por la discriminación positiva y por facilitar el retorno al estudio
El titular de Educació, Ernest Maragall, proclama que Catalunya tendrá éxito con la inmigración el día en que el porcentaje de extranjeros con estudios superiores sea equivalente a su peso en la población. El conseller tiene mucho trabajo si quiere hacer realidad este objetivo.
Según datos del curso 2007-2008, el índice de fracaso escolar en la enseñanza secundaria entre los jóvenes extranjeros llegó en algunos casos a triplicar al del conjunto de los estudiantes. El fracaso escolar medio era del 20%, mientras que entre los jóvenes de origen asiático la cifra superó el 57%; entre los magrebís, es de más del 53%, y casi la mitad de los latinoamericanos tampoco completaban la secundaria.
¿Y cuántos de los que no fracasan llegan a las universidades? Sirva otro dato como ejemplo. En el curso 2007-2008, en las facultades de Catalunya se matricularon 312 marroquís, sobre un total de 142.000 estudiantes. Eso sí, siete años antes tan solo eran 41.
«La situación no es buena, en rendimiento y continuidad. Y la solución tampoco es fácil», asume Francesc Colomé, secretario de Polítiques Educatives de la Conselleria d’Educació. A su juicio, las causas de los malos datos son tres: el nivel sociocultural del entorno de estos jóvenes, las dificultades lingüísticas y su incorporación habitualmente tardía al ciclo educativo.
AULAS DE ACOGIDA
El problema se agravará, según Colomé, si cuando se reactive la economía, la formación académica de los jóvenes inmigrantes no es suficiente para obtener trabajo.
La única salida, opina, pasa por programas de discriminación positiva, formación de adultos, programas para recuperar a jóvenes que han dejado estudios a medias y aulas de acogida «para que el primer aterrizaje de los nuevos alumnos sea suave».
Otra clave del éxito, en opinión de Jordi Pàmies, profesor del departamento de Pedagogía Sistemática de la UAB y miembro del grupo Emigra, es que el discurso inclusivo en la escuela «vaya acompañado de prácticas que no fomenten la desigualdad», porque los padres de estos
jóvenes confían en la escuela de sus hijos como palanca para la movilidad social. «Estos jóvenes son el capital futuro de sus familias», describe Pàmies.
FORMACIÓN DE ADULTOS
Los expertos también ven fundamental dar herramientas a los padres. «Si por su nivel de formación no pueden ayudar a sus hijos a hacer los deberes, esto provoca deslegitimación de la autoridad de los progenitores, y al final los estudiantes acaban por no hacer los deberes», advierte el demógrafo Andreu Domingo.
Marta Bàrbara, directora de la entidad Punt de Referència, de apoyo a jóvenes que han dejado atrás la tutela de la Generalitat, pide potenciar la formación ocupacional.
«Las
administraciones hacen mucho, pero no suficiente para que estos chicos no dejen los estudios en busca de trabajo».
El principal riesgo, según Jordi Pàmies, es que pese a ese esfuerzo formativo, estos jóvenes acaben encontrando solo los trabajos conocidos como los de las tres pes: peor pagados, peligrosos y penosos.
Educació apuesta por la discriminación positiva y por facilitar el retorno al estudio
El titular de Educació, Ernest Maragall, proclama que Catalunya tendrá éxito con la inmigración el día en que el porcentaje de extranjeros con estudios superiores sea equivalente a su peso en la población. El conseller tiene mucho trabajo si quiere hacer realidad este objetivo.
Según datos del curso 2007-2008, el índice de fracaso escolar en la enseñanza secundaria entre los jóvenes extranjeros llegó en algunos casos a triplicar al del conjunto de los estudiantes. El fracaso escolar medio era del 20%, mientras que entre los jóvenes de origen asiático la cifra superó el 57%; entre los magrebís, es de más del 53%, y casi la mitad de los latinoamericanos tampoco completaban la secundaria.
¿Y cuántos de los que no fracasan llegan a las universidades? Sirva otro dato como ejemplo. En el curso 2007-2008, en las facultades de Catalunya se matricularon 312 marroquís, sobre un total de 142.000 estudiantes. Eso sí, siete años antes tan solo eran 41.
«La situación no es buena, en rendimiento y continuidad. Y la solución tampoco es fácil», asume Francesc Colomé, secretario de Polítiques Educatives de la Conselleria d’Educació. A su juicio, las causas de los malos datos son tres: el nivel sociocultural del entorno de estos jóvenes, las dificultades lingüísticas y su incorporación habitualmente tardía al ciclo educativo.
AULAS DE ACOGIDA
El problema se agravará, según Colomé, si cuando se reactive la economía, la formación académica de los jóvenes inmigrantes no es suficiente para obtener trabajo.
La única salida, opina, pasa por programas de discriminación positiva, formación de adultos, programas para recuperar a jóvenes que han dejado estudios a medias y aulas de acogida «para que el primer aterrizaje de los nuevos alumnos sea suave».
Otra clave del éxito, en opinión de Jordi Pàmies, profesor del departamento de Pedagogía Sistemática de la UAB y miembro del grupo Emigra, es que el discurso inclusivo en la escuela «vaya acompañado de prácticas que no fomenten la desigualdad», porque los padres de estos
jóvenes confían en la escuela de sus hijos como palanca para la movilidad social. «Estos jóvenes son el capital futuro de sus familias», describe Pàmies.
FORMACIÓN DE ADULTOS
Los expertos también ven fundamental dar herramientas a los padres. «Si por su nivel de formación no pueden ayudar a sus hijos a hacer los deberes, esto provoca deslegitimación de la autoridad de los progenitores, y al final los estudiantes acaban por no hacer los deberes», advierte el demógrafo Andreu Domingo.
Marta Bàrbara, directora de la entidad Punt de Referència, de apoyo a jóvenes que han dejado atrás la tutela de la Generalitat, pide potenciar la formación ocupacional.
«Las
administraciones hacen mucho, pero no suficiente para que estos chicos no dejen los estudios en busca de trabajo».
El principal riesgo, según Jordi Pàmies, es que pese a ese esfuerzo formativo, estos jóvenes acaben encontrando solo los trabajos conocidos como los de las tres pes: peor pagados, peligrosos y penosos.
Los hijos de la inmigración piden igualdad en la sociedad y el trabajo
Casos como los de Salt y El Vendrell demuestran la necesidad de que este colectivo tenga un futuro
Las posibilidades de progreso de los jóvenes de origen foráneo decidirán si hay conflicto o paz social
«Haga lo que haga, mi nombre me afectará», pronostica Ferdaus Housni con serena resignación. Ferdaus es catalana, de madre marroquí. Tiene 19 años, estudia en la UAB, tiene un expediente académico impoluto, habla catalán, castellano, inglés, francés y árabe, pero tiene miedo al futuro: «Temo que a la hora de enviar un currículo, vean mi nombre, lo aparten y miren primero el de alguien con un nombre como María García.
Por ser hijo de inmigrante tienes que hacer más que los demás para estar en igualdad de condiciones, tienes que ir en persona a la empresa para que te vean, te valoren y eliminen el prejuicio, y esperar que te traten igual que a María García, que quizá solo habla castellano e inglés».
Ferdaus no ha sentido rechazo social, pero sí la ignorancia sobre su identidad. Le preguntan a menudo cómo se siente. Ella contesta: «Y tú, hijo de padres nacidos en Andalucía, ¿cómo te sientes».
Si Ferdaus, con nacionalidad española, una familia estructurada y un recorrido educativo ejemplar, intuye este techo de cristal, este rechazo, ¿cómo se sentirán otros hijos de la inmigración que han acudido a Catalunya a medio camino de su infancia?
Madiha Farhara, taxista, tiene 26 años y lleva en Barcelona desde los 14. Sus clientes a menudo le preguntan: «¿De dónde eres, maja?». «De aquí», les contesta ella. Y cuando alguno le indica que tiene una piel muy morena, ella no se corta: «Es porque tomo mucho el sol». Madiha se ríe a carcajadas con la anécdota.
En cambio, se enfurece al recordar cómo una clienta airada se quejó del recorrido y le espetó: «No sé que venís a hacer aquí los extranjeros, parecéis tontos. Volved a vuestro país». «Me callé, pero llegué a mi casa llorando. Me sentí fatal», recuerda.
«Tienes que hacer muchísimo más esfuerzo que un catalán nacido aquí, te ven como a una tonta», denuncia.
EL ASCENSOR CHIRRÍA /
>Su historia no ha sido tan plácida como la de Ferdaus y para ella el ascensor social también va más lento, pese a haber recibido ayudas públicas y de entidades como Punt de Referència, de apoyo a jóvenes que han sido tutelados por la Administración.
El ascensor chirrió, por ejemplo, cuando una excompañera de trabajo de Madiha se quejó de que la ascendieran a segunda jefa de planta del Caprabo. «A los españoles no les gusta que un moro les mande en el trabajo», afirma con conocimiento de causa.
«Es para enfadarse y mandarlo todo a tomar por saco, pero piensas: ¿adónde vas a ir?», añade. Ante el rechazo, la xenofobia y los tópicos sobre Marruecos ha optado por darse la vuelta e irse. Pero conoce a otros jóvenes como ella que han sacado su rabia «pasando delante de un catalán e insultándole».
Otra joven que convive día a día con la burla por su procedencia es Souad. Tiene 17 años y llegó a Barcelona hace 18 meses para estudiar y optar a un futuro mejor. Al contactar con ella telefónicamente nos pide que le hablemos en catalán. Ella lo habla más que correctamente, gracias a las clases que recibe dos veces por semana.
Estudia un grado medio de Administración. «Los alumnos que estudian conmigo son fatales, unos maleducados, me llaman mora». ¿Por qué lo hacen? «Porque estudio mejor que ellos», contesta deprisa. Y añade, con una sonrisa a medio camino entre la resignación y el desprecio: «Son tontos». Souad no piensa renunciar a su sueño: ser azafata de vuelo y poder trabajar en la ruta Barcelona-Casablanca, de donde procede su familia.
ASUNTO FUNDAMENTAL /
Las vivencias de Ferdaus, Madiha y Souad ponen directamente sobre la mesa lo que sociólogos, demógrafos, entidades y administraciones coinciden en calificar de absolutamente fundamental para el éxito o el fracaso de la convivencia en los próximos años.
«El futuro de estos chicos y chicas es nuestro futuro, su éxito será nuestro éxito, su fracaso será la prueba de nuestro fracaso, y nos lo estamos jugando ahora», afirma con vehemencia Andreu Domingo, subdirector del Centre d’Estudis Demogràfics.
Lo preocupante de la situación, en palabras de Jordi Moreras, antropólogo de la Universitat Rovira i Virgili de Tarragona, es que «se les dice que se tienen que integrar, formarse, hablar el catalán, pero la gente de aquí no los siente como miembros de la comunidad.
Si se les cuestiona, vamos mal». Además, Moreras echa de menos que nadie haya puesto todavía el termómetro para saber qué sienten, qué piensan y cómo viven realmente los hijos de los nuevos catalanes. Un colectivo en el que «siguen faltando liderazgos, voces, plataformas».
Moreras ve como un gran éxito la reciente autoorganización de los jóvenes inmigrantes en Salt ante las acusaciones de delincuencia y robos que pesaban sobre todo el colectivo.
Lo hicieron, además, al margen de los líderes religiosos de edad más avanzada, que acostumbran a ser los interlocutores habituales. Lo que está por ver, dice este experto, es si a la larga estas redes seguirán extendidas o se diluirán como ha pasado en ocasiones anteriores.
Mientras esto pasa, la lucha por la igualdad de trato de mujeres como Hinda, de 30 años, les obliga incluso a cambiar su nombre cuando se trata de conseguir trabajo o vivienda. Hinda se hace llamar Belinda desde que un día fue a ver un piso de alquiler con su madre y esta llevaba el pañuelo en la cabeza.
Los vecinos de la escalera, en el centro de L’Hospitalet de Llobregat, organizaron una reu-nión porque algunos no querían emigrantes. Hinda no lo es. Nació aquí. Y no por ello deja de entender las raíces del rechazo: «Cuando tu hijo está un año en lista de espera para el dentista y a otros que vienen de la Cruz Roja los apuntan, por ejemplo... Debería haber más control».
Al mismo tiempo, Hinda ha comprobado cómo a jóvenes marroquís les echan de un bar al que ella entra sin problemas. «Vivo sentimientos contradictorios», reconoce.
SIN ALARMISMO /
¿Saltarán más chispas, como en Salt o El Vendrell? Hinda lo ve posible, especialmente por la situación de crisis y el paro creciente.
El responsable de Immigració del Govern, Oriol Amorós, coincide con los expertos en que este y no otro es el tema crucial para el futuro de la cohesión, y aboga por reforzar la inserción laboral y la formación, porque el paro castiga más en función de la nacionalidad y la edad. «Ellos tienen las dos cosas: son jovenes y proceden de la inmigración. No estamos como en París en el 2005, no existe tanta desafección, pero tampoco tenemos tantos servicios sociales como Francia se puede permitir», asume Amorós.
Jordi Pàmies, profesor de Pedagogía Sistemática de la UAB, concluye: «Si se sigue viendo a estos jóvenes como gente foránea, cuando no lo son, ellos acabarán interiorizando que son de fuera y se posicionarán como tales. Crearán una identidad reactiva». El ejemplo lo pone Hinda: «Mi madre se ha callado cuando le han dicho ‘mora, vete a tu país’, pero quizá yo no me calle si me pasa».
Las posibilidades de progreso de los jóvenes de origen foráneo decidirán si hay conflicto o paz social
«Haga lo que haga, mi nombre me afectará», pronostica Ferdaus Housni con serena resignación. Ferdaus es catalana, de madre marroquí. Tiene 19 años, estudia en la UAB, tiene un expediente académico impoluto, habla catalán, castellano, inglés, francés y árabe, pero tiene miedo al futuro: «Temo que a la hora de enviar un currículo, vean mi nombre, lo aparten y miren primero el de alguien con un nombre como María García.
Por ser hijo de inmigrante tienes que hacer más que los demás para estar en igualdad de condiciones, tienes que ir en persona a la empresa para que te vean, te valoren y eliminen el prejuicio, y esperar que te traten igual que a María García, que quizá solo habla castellano e inglés».
Ferdaus no ha sentido rechazo social, pero sí la ignorancia sobre su identidad. Le preguntan a menudo cómo se siente. Ella contesta: «Y tú, hijo de padres nacidos en Andalucía, ¿cómo te sientes».
Si Ferdaus, con nacionalidad española, una familia estructurada y un recorrido educativo ejemplar, intuye este techo de cristal, este rechazo, ¿cómo se sentirán otros hijos de la inmigración que han acudido a Catalunya a medio camino de su infancia?
Madiha Farhara, taxista, tiene 26 años y lleva en Barcelona desde los 14. Sus clientes a menudo le preguntan: «¿De dónde eres, maja?». «De aquí», les contesta ella. Y cuando alguno le indica que tiene una piel muy morena, ella no se corta: «Es porque tomo mucho el sol». Madiha se ríe a carcajadas con la anécdota.
En cambio, se enfurece al recordar cómo una clienta airada se quejó del recorrido y le espetó: «No sé que venís a hacer aquí los extranjeros, parecéis tontos. Volved a vuestro país». «Me callé, pero llegué a mi casa llorando. Me sentí fatal», recuerda.
«Tienes que hacer muchísimo más esfuerzo que un catalán nacido aquí, te ven como a una tonta», denuncia.
EL ASCENSOR CHIRRÍA /
>Su historia no ha sido tan plácida como la de Ferdaus y para ella el ascensor social también va más lento, pese a haber recibido ayudas públicas y de entidades como Punt de Referència, de apoyo a jóvenes que han sido tutelados por la Administración.
El ascensor chirrió, por ejemplo, cuando una excompañera de trabajo de Madiha se quejó de que la ascendieran a segunda jefa de planta del Caprabo. «A los españoles no les gusta que un moro les mande en el trabajo», afirma con conocimiento de causa.
«Es para enfadarse y mandarlo todo a tomar por saco, pero piensas: ¿adónde vas a ir?», añade. Ante el rechazo, la xenofobia y los tópicos sobre Marruecos ha optado por darse la vuelta e irse. Pero conoce a otros jóvenes como ella que han sacado su rabia «pasando delante de un catalán e insultándole».
Otra joven que convive día a día con la burla por su procedencia es Souad. Tiene 17 años y llegó a Barcelona hace 18 meses para estudiar y optar a un futuro mejor. Al contactar con ella telefónicamente nos pide que le hablemos en catalán. Ella lo habla más que correctamente, gracias a las clases que recibe dos veces por semana.
Estudia un grado medio de Administración. «Los alumnos que estudian conmigo son fatales, unos maleducados, me llaman mora». ¿Por qué lo hacen? «Porque estudio mejor que ellos», contesta deprisa. Y añade, con una sonrisa a medio camino entre la resignación y el desprecio: «Son tontos». Souad no piensa renunciar a su sueño: ser azafata de vuelo y poder trabajar en la ruta Barcelona-Casablanca, de donde procede su familia.
ASUNTO FUNDAMENTAL /
Las vivencias de Ferdaus, Madiha y Souad ponen directamente sobre la mesa lo que sociólogos, demógrafos, entidades y administraciones coinciden en calificar de absolutamente fundamental para el éxito o el fracaso de la convivencia en los próximos años.
«El futuro de estos chicos y chicas es nuestro futuro, su éxito será nuestro éxito, su fracaso será la prueba de nuestro fracaso, y nos lo estamos jugando ahora», afirma con vehemencia Andreu Domingo, subdirector del Centre d’Estudis Demogràfics.
Lo preocupante de la situación, en palabras de Jordi Moreras, antropólogo de la Universitat Rovira i Virgili de Tarragona, es que «se les dice que se tienen que integrar, formarse, hablar el catalán, pero la gente de aquí no los siente como miembros de la comunidad.
Si se les cuestiona, vamos mal». Además, Moreras echa de menos que nadie haya puesto todavía el termómetro para saber qué sienten, qué piensan y cómo viven realmente los hijos de los nuevos catalanes. Un colectivo en el que «siguen faltando liderazgos, voces, plataformas».
Moreras ve como un gran éxito la reciente autoorganización de los jóvenes inmigrantes en Salt ante las acusaciones de delincuencia y robos que pesaban sobre todo el colectivo.
Lo hicieron, además, al margen de los líderes religiosos de edad más avanzada, que acostumbran a ser los interlocutores habituales. Lo que está por ver, dice este experto, es si a la larga estas redes seguirán extendidas o se diluirán como ha pasado en ocasiones anteriores.
Mientras esto pasa, la lucha por la igualdad de trato de mujeres como Hinda, de 30 años, les obliga incluso a cambiar su nombre cuando se trata de conseguir trabajo o vivienda. Hinda se hace llamar Belinda desde que un día fue a ver un piso de alquiler con su madre y esta llevaba el pañuelo en la cabeza.
Los vecinos de la escalera, en el centro de L’Hospitalet de Llobregat, organizaron una reu-nión porque algunos no querían emigrantes. Hinda no lo es. Nació aquí. Y no por ello deja de entender las raíces del rechazo: «Cuando tu hijo está un año en lista de espera para el dentista y a otros que vienen de la Cruz Roja los apuntan, por ejemplo... Debería haber más control».
Al mismo tiempo, Hinda ha comprobado cómo a jóvenes marroquís les echan de un bar al que ella entra sin problemas. «Vivo sentimientos contradictorios», reconoce.
SIN ALARMISMO /
¿Saltarán más chispas, como en Salt o El Vendrell? Hinda lo ve posible, especialmente por la situación de crisis y el paro creciente.
El responsable de Immigració del Govern, Oriol Amorós, coincide con los expertos en que este y no otro es el tema crucial para el futuro de la cohesión, y aboga por reforzar la inserción laboral y la formación, porque el paro castiga más en función de la nacionalidad y la edad. «Ellos tienen las dos cosas: son jovenes y proceden de la inmigración. No estamos como en París en el 2005, no existe tanta desafección, pero tampoco tenemos tantos servicios sociales como Francia se puede permitir», asume Amorós.
Jordi Pàmies, profesor de Pedagogía Sistemática de la UAB, concluye: «Si se sigue viendo a estos jóvenes como gente foránea, cuando no lo son, ellos acabarán interiorizando que son de fuera y se posicionarán como tales. Crearán una identidad reactiva». El ejemplo lo pone Hinda: «Mi madre se ha callado cuando le han dicho ‘mora, vete a tu país’, pero quizá yo no me calle si me pasa».
El "INEM on line" facilita la búsqueda de empleo
Los empresarios también utilizan este portal para mostrar sus ofertas
Si es de los que acostumbra pasarse de vez en cuando por las Oficinas del Inem para ver qué hay de nuevo, le recomendamos que se registre en la página web www.redtrabaja.es.
Desde cualquier ordenador con Internet podrá actualizarse, inscribirse a cursos de formación o a ofertas de trabajo.
Éste un portal del Ministerio de Trabajo e Inmigración a través del cual el usuario puede darse de alta como demandante de empleo o renovar la demanda de empleo y por supuesto, emprender sus propias búsquedas de trabajo.
Al ser online y gratuito, el servicio está abierto para todas las comunidades autónomas y para todos los eslabones de la cadena laboral: empresarios, trabajadores y autónomos.
Redtrabaj@ funciona como la mayoría de los sitios web especializados en búsqueda de trabajo, sólo que éste es estatal. Cuando se registre, con un nombre y contraseña, podrá hacer su currículum y adaptarlo a cada oferta de trabajo que le interese, organizar su agenda (online) para las búsquedas y crear una “alerta” con palabras clave, para que cada vez que surja una oferta con esa palabra, le llegue un mensaje a su correo electrónico.
Si lo que desea es formarse, también aquí encontrará el listado completo de cursos (subvencionados o no) tanto para personas desempleadas como para personas con trabajo.
Ahora bien, si lo que le interesa es montar su propia empresa, este portal cuenta con tests para evaluar su capacidad emprendedora y con guías para elaborar su plan de negocio; así como un listado de entidades y redes de apoyo para dar los primeros pasos.
Zulma Sierra>Latino Barcelona
Si es de los que acostumbra pasarse de vez en cuando por las Oficinas del Inem para ver qué hay de nuevo, le recomendamos que se registre en la página web www.redtrabaja.es.
Desde cualquier ordenador con Internet podrá actualizarse, inscribirse a cursos de formación o a ofertas de trabajo.
Éste un portal del Ministerio de Trabajo e Inmigración a través del cual el usuario puede darse de alta como demandante de empleo o renovar la demanda de empleo y por supuesto, emprender sus propias búsquedas de trabajo.
Al ser online y gratuito, el servicio está abierto para todas las comunidades autónomas y para todos los eslabones de la cadena laboral: empresarios, trabajadores y autónomos.
Redtrabaj@ funciona como la mayoría de los sitios web especializados en búsqueda de trabajo, sólo que éste es estatal. Cuando se registre, con un nombre y contraseña, podrá hacer su currículum y adaptarlo a cada oferta de trabajo que le interese, organizar su agenda (online) para las búsquedas y crear una “alerta” con palabras clave, para que cada vez que surja una oferta con esa palabra, le llegue un mensaje a su correo electrónico.
Si lo que desea es formarse, también aquí encontrará el listado completo de cursos (subvencionados o no) tanto para personas desempleadas como para personas con trabajo.
Ahora bien, si lo que le interesa es montar su propia empresa, este portal cuenta con tests para evaluar su capacidad emprendedora y con guías para elaborar su plan de negocio; así como un listado de entidades y redes de apoyo para dar los primeros pasos.
Zulma Sierra>Latino Barcelona
Salt tendrá más policía y una candidatura xenófoba
La alcaldesa Iolanda Pineda arrancó del president Montilla el compromiso de reforzar la seguridad en el municipio con una presencia permanente de patrullas de mossos
Los vecinos exigen a Interior y Justícia mayor dureza con los reincidentes
Quizás demasiado tarde, cuando la impunidad y la reincidencia con la que se han movido durante mucho tiempo los pequeños delincuentes ya ha sembrado la discordia entre vecinos, pero la Generalitat ha decidido tomar cartas en el asunto de Salt.
El presidente de la Generalitat prometió ayer a la alcaldesa, Iolanda Pineda, socialista como José Montilla, que reforzará la presencia de efectivos de los Mossos en el municipio más allá de las medidas excepcionales adoptadas los últimos días y que han llevado, desde mediados de febrero, a incrementar el patrullaje preventivo.
El president Montilla asumió este compromiso con la alcaldesa en una reunión a la que también asistió el conseller de Interior y responsable político de la seguridad en Catalunya, Joan Saura. El anuncio de una presencia policial permanente en las calles llegó, no obstante, el mismo día que Plataforma per Catalunya (PxC), la formación que ha hecho del combate contra la inmigración su única razón de ser, confirmó que se presentará a las elecciones municipales del 2011 en Salt.
La Generalitat asegura entender las quejas ciudadanas por la bula de que disponen los reincidentes y comparte la convicción de que hacen falta cambios legales para resolver la situación. Mientras tanto, no descarta impulsar algunas medidas provisionales, como la de solicitar a los jueces menor condescendencia en el trato a estos delincuentes y una interpretación más dura de la ley que permita hacerles frente.
Mañana también será día de reuniones. Las cinco asociaciones de vecinos de Salt y la federación de comerciantes se verán con la alcaldesa para abordar el tema de la inseguridad ciudadana y la convivencia. También estarán los portavoces de los grupos municipales de ERC, CiU. PP e ICV, así como un representante del colectivo inmigrante. Los vecinos pedirán el apoyo de todo el Ayuntamiento en sus demandas de más presencia policial permanente en Salt y mayor dureza de la ley con los reincidentes, peticiones que harán llegar por carta a los departamentos de Interior y Justícia, así como al president Montilla.
El manifiesto a favor de la seguridad y la convivencia que los vecinos están preparando será una de las cuestiones que se abordarán este encuentro. Todo ello en un momento en que PxC ha anunciado que presentará candidatura en Salt.
Los vecinos exigen a Interior y Justícia mayor dureza con los reincidentes
Quizás demasiado tarde, cuando la impunidad y la reincidencia con la que se han movido durante mucho tiempo los pequeños delincuentes ya ha sembrado la discordia entre vecinos, pero la Generalitat ha decidido tomar cartas en el asunto de Salt.
El presidente de la Generalitat prometió ayer a la alcaldesa, Iolanda Pineda, socialista como José Montilla, que reforzará la presencia de efectivos de los Mossos en el municipio más allá de las medidas excepcionales adoptadas los últimos días y que han llevado, desde mediados de febrero, a incrementar el patrullaje preventivo.
El president Montilla asumió este compromiso con la alcaldesa en una reunión a la que también asistió el conseller de Interior y responsable político de la seguridad en Catalunya, Joan Saura. El anuncio de una presencia policial permanente en las calles llegó, no obstante, el mismo día que Plataforma per Catalunya (PxC), la formación que ha hecho del combate contra la inmigración su única razón de ser, confirmó que se presentará a las elecciones municipales del 2011 en Salt.
La Generalitat asegura entender las quejas ciudadanas por la bula de que disponen los reincidentes y comparte la convicción de que hacen falta cambios legales para resolver la situación. Mientras tanto, no descarta impulsar algunas medidas provisionales, como la de solicitar a los jueces menor condescendencia en el trato a estos delincuentes y una interpretación más dura de la ley que permita hacerles frente.
Mañana también será día de reuniones. Las cinco asociaciones de vecinos de Salt y la federación de comerciantes se verán con la alcaldesa para abordar el tema de la inseguridad ciudadana y la convivencia. También estarán los portavoces de los grupos municipales de ERC, CiU. PP e ICV, así como un representante del colectivo inmigrante. Los vecinos pedirán el apoyo de todo el Ayuntamiento en sus demandas de más presencia policial permanente en Salt y mayor dureza de la ley con los reincidentes, peticiones que harán llegar por carta a los departamentos de Interior y Justícia, así como al president Montilla.
El manifiesto a favor de la seguridad y la convivencia que los vecinos están preparando será una de las cuestiones que se abordarán este encuentro. Todo ello en un momento en que PxC ha anunciado que presentará candidatura en Salt.
Casi la mitad de los españoles tiene una primera imagen negativa de la inmigración
La primera imagen que les viene a la cabeza al hablar de la inmigración a casi la mitad de los españoles es negativa, a pesar de que la respuesta más repetida se asocie con la "necesidad que tienen de venir a trabajar". La actual crisis ha elevado el rechazo de la población española hacia los inmigrantes, el número se considera "excesivo", y ha aumentado la demanda de políticas migratòrias más restrictivas.
El informe 'Evolución del racismo y la xenofobia en España (2009)' elaborado por el Observatorio del Racismo del Ministerio de Trabajo e Inmigración, refleja en 400 páginas el avance de la menor receptividad ante el inmigrante y la consolidación de una imagen negativa que la asocia al deterioro de las condiciones laborales.
De esta forma, "mientras que las imágenes que cabría calificar de negativas reúnen concretamente el 47% de las menciones, las positivas quedan restringidas al 39 %", de los encuestados, según las 2.800 respuestas de la encuesta anual del Observatorio, que se realiza desde 2005
Así, se desprende que la palabra inmigración principalmente se vincula a trabajo: "necesidad de venir a trabajar", con el 17 % de las menciones. Le sigue otra referencia positiva: "pobreza y desigualdad", con un 10 %; mientras que el "sentimiento de empatía y solidaridad" recoge el 7,5 % de las primeras impresiones.
“Invasión descontrolada”
Frente a estas categorías genéricas, también tienen presencia las negativas, que denotan sentimientos de rechazo a la inmigración. De ellas, la más mencionada es precisamente la que incide en el "aumento desmedido de inmigrantes". Por su parte, el sentimiento de invasión se adopta en distintas expresiones: "invasión descontrolada", "hay demasiados", "masificación", "no hay trabajo para tantos", "que no vengan tantos", "ocupación", "mucha gente", "saturación" o "son muchos".
Pese a la contención de los flujos migratorios, debido al nuevo escenario laboral y a un mayor control de inmigrantes en situación ilegal, la transigencia con el extranjero se hace depender cada vez más de las necesidades laborales y de su capacidad de integrarse, según las respuestas recogidas por el Observatorio de la Inmigración.
Aumento de la inseguridad
De acuerdo con dicha encuesta lo más negativo que se destaca de la inmigración es el aumento de la delincuencia y de la inseguridad (33%). A ello sigue los "Problemas de integración y choque cultural", con un 11%, expresados de manera genérica: "crean guetos", "la falta de integración de algunos", "ciertas costumbres", "no se quieren adaptar".
El análisis concluye que el 37% de los encuestados son reacios a la inmigración, el 33% tolerantes y el 30% ambivalentes.
Respecto a si las leyes que regulan la entrada y permanencia de extranjeros son laxas o restrictivas, el 42% opina que son "demasiado tolerantes" -un porcentaje superior a años anteriores-, frente a sólo un 5% que las cree "más bien duras".
Además, el 39% de los encuestados opina "muy aceptable" que "se expulse del país a los inmigrantes legalmente instalados que cometan cualquier delito", y un 29% lo valoran "bastante aceptable". Esto último supondría un ascenso del acuerdo en dieciocho puntos respecto a 2005.
El informe 'Evolución del racismo y la xenofobia en España (2009)' elaborado por el Observatorio del Racismo del Ministerio de Trabajo e Inmigración, refleja en 400 páginas el avance de la menor receptividad ante el inmigrante y la consolidación de una imagen negativa que la asocia al deterioro de las condiciones laborales.
De esta forma, "mientras que las imágenes que cabría calificar de negativas reúnen concretamente el 47% de las menciones, las positivas quedan restringidas al 39 %", de los encuestados, según las 2.800 respuestas de la encuesta anual del Observatorio, que se realiza desde 2005
Así, se desprende que la palabra inmigración principalmente se vincula a trabajo: "necesidad de venir a trabajar", con el 17 % de las menciones. Le sigue otra referencia positiva: "pobreza y desigualdad", con un 10 %; mientras que el "sentimiento de empatía y solidaridad" recoge el 7,5 % de las primeras impresiones.
“Invasión descontrolada”
Frente a estas categorías genéricas, también tienen presencia las negativas, que denotan sentimientos de rechazo a la inmigración. De ellas, la más mencionada es precisamente la que incide en el "aumento desmedido de inmigrantes". Por su parte, el sentimiento de invasión se adopta en distintas expresiones: "invasión descontrolada", "hay demasiados", "masificación", "no hay trabajo para tantos", "que no vengan tantos", "ocupación", "mucha gente", "saturación" o "son muchos".
Pese a la contención de los flujos migratorios, debido al nuevo escenario laboral y a un mayor control de inmigrantes en situación ilegal, la transigencia con el extranjero se hace depender cada vez más de las necesidades laborales y de su capacidad de integrarse, según las respuestas recogidas por el Observatorio de la Inmigración.
Aumento de la inseguridad
De acuerdo con dicha encuesta lo más negativo que se destaca de la inmigración es el aumento de la delincuencia y de la inseguridad (33%). A ello sigue los "Problemas de integración y choque cultural", con un 11%, expresados de manera genérica: "crean guetos", "la falta de integración de algunos", "ciertas costumbres", "no se quieren adaptar".
El análisis concluye que el 37% de los encuestados son reacios a la inmigración, el 33% tolerantes y el 30% ambivalentes.
Respecto a si las leyes que regulan la entrada y permanencia de extranjeros son laxas o restrictivas, el 42% opina que son "demasiado tolerantes" -un porcentaje superior a años anteriores-, frente a sólo un 5% que las cree "más bien duras".
Además, el 39% de los encuestados opina "muy aceptable" que "se expulse del país a los inmigrantes legalmente instalados que cometan cualquier delito", y un 29% lo valoran "bastante aceptable". Esto último supondría un ascenso del acuerdo en dieciocho puntos respecto a 2005.

